Llanganates,
significa en idioma nativo Cerro Hermoso, ha sido declarado por parte el Fondo
Mundial para la Naturaleza, (WWF), como “Regalo para la Tierra”, máximo
galardón que otorga esta organización a los esfuerzos para la conservación de
la Naturaleza, se encuentra ubicado en la Cordillera Central de los Andes, una
zona considerada de alto valor científico debido a la convergencia de un gran
número de especies únicas.

Según
la leyenda de los Llanganates, en esta zona está escondido el tesoro del Reino
de Quito, el cual fue enterrado para alejar de la codicia a los conquistadores,
es por ello que desde la época de la Colonia, personas aventureras y
expedicionarios han ido a buscar el mítico tesoro, La historia nace en la
Conquista española; en 1532, cuando Atahualpa es secuestrado en Cajamarca, él
ofreció pagar un cuarto lleno de oro para recuperar su libertad; el encargado
de recopilar el metal fue Rumiñahui, quien pagó parte del rescate y al enterarse
de la muerte del inca, escondió el resto en los Llanganates, en la cumbre más
alta que tiene 4.571 metros sobre el nivel del mar, donde existe un cráter que
está lleno de agua y es allí donde dicen que arrojó el tesoro, sin embargo, se
han realizado numerosas expediciones pero todas fracasaron, según cuentan los
pobladores de Píllaro y San José de Poaló, quienes participan como guías de las
expediciones, aun cuando otros manifiestan que ya se llevaron el oro de
Atahualpa. Así es el lugar, un sitio inhóspito para el ser humano pero lleno de
historia y con una gran biodiversidad, cuya mayoría de animales está en peligro
de extinción.
Actualmente la
región está convertida en Parque Nacional Llanganates, es un área protegida en
Ecuador que cubre parte de las Provincias de Cotopaxi, Napo, Pastaza y
Tungurahua; al Parque se puede acceder desde varias direcciones, pero los
visitantes suelen venir a través de poblaciones como Salcedo, Patate, Píllaro,
Baños, y Río Verde; Por su difícil acceso, preserva casi intactas su flora y
fauna. Hasta hace poco solo atraía a aventureros arriesgados que buscaban el
tesoro de Atahualpa, pero hoy en día los visitantes son científicos que buscan
estudiar sus plantas y aves. Se está trabajando para convertir en un corredor
biológico al integrar el Parque Nacional Sangay, de cualquier manera más que el
oro escondido, es el mayor tesoro natural que los ecuatorianos debemos manejar
apropiadamente.